… Casi 33 años transcurrieron desde la llegada a Puerto Montt de los primeros inmigrantes alemanes, cuando el año 1885 se fundó el Club Alemán de Puerto Varas.
Por difíciles senderos a través de la selva virgen y fangosa, después de días de marcha se pudo llegar a la ribera del lago Llanquihue. A los colonos le fueron entregadas sus correspondientes chacras o hijuelas, quedando entregados a su destino.
Los primeros colonos se establecieron al sur del gran lago; empezaron con el roce de los bosques seculares para obtener praderas para sus siembras. Fueron años de sacrificios; además de construir sus «mediaguas» donde cobijarse provisoriamente, ante el deseo de surgir, de mantener la vida en sociedad.
También había que darse el tiempo de hacerse la idea de preocuparse de asuntos culturales, del crecimiento de los niños que aprendieran el idioma materno, practicarlo en lo posible con la lectura. De mantener una escuela mediante la ayuda voluntaria, contratar un preceptor que la atendiera, lo que se hacía necesario, y facilitaría en cierta medida una antigua aspiración para la enseñanza elemental de los niños de los colonos ya establecidos, quienes en su vieja patria habían gozado de una buena instrucción.
El 1° de Octubre de 1885, catorce vecinos se reunieron en las habitaciones del entonces Hotel Llanquihue, con la finalidad de aunar voluntades para fundar un Club Alemán. El Club debía, en primer lugar, contribuir para que la nacionalidad alemana de entonces, fomentara y mantuviera las reuniones sociales y culturales.
El Primer Directorio lo encabezó don Fernando von Bischoffs-hausen, como Presidente; don Federico Hollstein, de cajero, y Robert Haupt, secretario. Los fundadores restantes fueron los siguientes señores: Albert Stoewhas, Guillermo Wolf, Juan Rosa, Albino Martin, Emilio Martin, Hermann Binder, Hermann Sunkel, Federico Grothe, Godofredo Heim, Theodor Raddatz, Gustavo Vyhmeister.
Con este motivo los previamente estudiados Estatutos por los fundadores del Club, fueron los definitivos. El 14 de Septiembre de 1912 fueron aprobados por el Supremo Gobierno; la Personería Jurídica quedó registrada bajo el Decreto N° 2676. Las primeras Actas fueron escritas en letra manuscrita gótica.
Estos señores condujeron los destinos del Club por muchos años. El valor del ingreso en calidad de socio se elevaba a $2 y la cuota mensual se fijó en 20 centavos. Habrá que recordar que la moneda de entonces tenía un valor de 2 marcos oro.
En el párrafo 1 de los Estatutos se lee: «Enaltecer la cultura alemana, protegernos mutuamente, trabajar unidos en el hermoseamiento y estructura de la nueva patria y cooperar activamente».
El párrafo 18 establece que: «El Club mantendrá una reunión general un sábado al mes: en el verano a las 9 horas, y en el invierno a las 8 horas de la tarde, antes de la luna llena.
La reunión se dará a conocer con 14 días de anticipación en el pizarrón del Club.
Los Estatutos fueron recibidos con singular simpatía, y hasta los días de hoy son un documento útil en las reuniones de los socios, y para aprobar los acuerdos, aunque naturalmente han debido ser adecuados a los tiempos de hoy.
En aquellos años, asistir a las reuniones de socios del Club, significaba un largo cabalgar. El regreso al hogar después de una alegre y no menos regada reunión, no pocas veces se hacía peligroso a través de los caminos de alrededor del lago, apenas transitables. Para cabalgar hacia la Fábrica, hasta Los Riscos, a Nueva Braunau, al Desagüe (hoy Llanquihue), se esperaba la salida de una brillante luna para llegar sano y seguro a casa. Las dificultades que debían superar a su debido tiempo no eran impedimento alguno para que los señores socios aparecieran en las reuniones. Era verdaderamente conmovedor como el círculo de los socios aumentaba año tras año.
Socios Fundadores
Presidente
Ferdinand Von Bischoffhausen
Tesorero
Friedrich Hollstein
Secretario
Robert Haupt
Socios
Ferdinand Von Bischoffhausen
Albert Stöwhas
Wilhem Wolf
Johann Rosa
Albin W. Martin
Emil Martin
Herrman Sunkel
Herman Binder
Friedrich 2° Grothe
Friedrich Hollstein
Robert Haupt
Gottfried Heim
Theodor Raddatz
Gustav Vyhmeister
Para las festividades de su inauguración el año 1885, lamentablemente no se dejó una información de sus pormenores. El Club contribuyó de su Caja con el monto de $16 para realizar tal celebración.
Se adelanta, que después del año de su fundación fue grande la preocupación para formar una Biblioteca disponible para las familias de los colonos, ofreciéndoles lectura en su idioma materno. El arriendo mensual de un libro valía 1 centavo. Desde aquel entonces y durante mucho tiempo, esta biblioteca fue muy visitada, sin embargo en los últimos años, ante la reducción del uso del idioma alemán y la invasión de las nuevas tecnologías globalizantes, esta biblioteca ya no prestaba ninguna función debiendo ser eliminada.
Según el informe del año 1952 el Directorio se reunía una vez al mes, reuniones que se hacían regularmente en el Hotel Llanquihue. Posteriormente fue en la casa de Niemann (su nombre no se registra), también donde el señor Jorge Sunkel, en el Hotel Bellavista. Una vez al año se hacia una gran fiesta, vale decir una Kermesse para reunir fondos necesarios.
Al hojear viejas actas del año 1886, de los días de Fiestas Patrias, nos encontramos con más de un interesante documento: el ex Presidente de la República, Excmo. Señor José Manuel Balmaceda, se le dirigió un telegrama de felicitación, cuya respuesta llegó al Club Alemán de Puerto Montt; se nombró una comisión que cabalgó al vecino puerto para ir en busca del expresado mensaje telegráfico. El intercambio de notas fue como sigue:
«Señor José Manuel Balmaceda, Presidente de la República, Santiago. En nombre del Club Alemán de Puerto Varas, el Directorio felicita a Vuestra Excelencia como Presidente de la República. Federico Hollstein, Godofredo Heim, Roberto Haupt, Puerto Montt» «Correspondo saludo del Club Alemán. Con mis agradecimientos, José Manuel Balmaceda».
Por esos años, Puerto Varas no contaba con servicios de correo y telégrafo, lo que motivo este mal entendido.
Otro caso de la época, da cuenta sobre una excursión de los socios del Club Alemán a Quebrada Honda, en la propiedad del señor Carlos Michael. Los gastos fueron: asado al palo $12.-chicha y cerveza $14,20, dos veces café $13,80. Total $40.

Por el año 1887 fue nombrado socio honorario el Dr. Carl Martin, en reconocimiento a sus grandes esfuerzos a favor de la nacionalidad alemana. Considerando, que no solo debía mantenerse un Club de lectura, sino que también ganarse un prestigio, lo refrenda el hecho que se nombrara socio honorario al canciller Otto von Bismarck, lo que, en la burocracia gobernante de entonces produjo toda clase de conjeturas como era de suponer.
En el año 1893 falleció el primer Presidente y fundador del Club, Ferdinand von Bischoffshausen, quien durante muchos años dirigió los destinos del Club. Tras su fallecimiento, otros personeros estuvieron dispuestos de hacerse cargo de los destinos del Club. Se dio una larga lista de nombres que se presentaron para defender desinteresadamente los intereses de la institución. En los años posteriores se alhajó del correspondiente mobiliario, como mesas, sillas y estantes para libros.
A principios del año 1900 se determinó trasladar el Club a los locales del Hotel Chile-Argentina, dado que en ese establecimiento se disponía de una gran sala para las reuniones y la Biblioteca estaba disponible. Además había una mesa de billar, y un bar bien surtido, bastante frecuentado. Así mismo contaba el local con importantes novedades, como el alumbrado a gas que producía muy buena impresión a los visitantes. Debido a que Puerto Chico fue siempre el centro de reunión de los puertovarinos, el Hotel Chile-Argentina situado a la salida del camino que conducía a Puerto Montt, el Club Alemán que allí funcionaba, era visitado a menudo por los cansados viajeros, los que, o bien tomaban el vapor del lago para trasladarse, o cabalgaban en demanda de Puerto Varas, dejando atrás el sacrificado camino a Puerto Montt. Lo que el Club Alemán había obtenido en beneficio, lo disfrutarían las generaciones venideras, al obtener un hogar propio, donde poder descansar y sostener charlas en reuniones de camaradería en el idioma de sus antepasados.
Durante el año 1906, hay que agradecer una manera especial al Club, por la adquisición de terrenos y casa para el Colegio Alemán, que funcionaba en precarias condiciones.
Nuestro Club en el curso de su larga historia ha colaborado con varias acciones sociales en beneficio de la comunidad, especialmente de los niños y jóvenes, pues numerosos profesionales de hoy han sido becarios nuestros.
En su tiempo, el Club se impuso además la obligación de preocuparse por la mantención del cementerio situado en el vecino lugar de la Laja, en el que yacen los restos de muchos socios.
Los acontecimientos de la primera guerra mundial (1914-18), sometió a nuestra Comunidad a un boicot y «listas negras» muy penosas, lo que frustraba cualquiera medida bien encaminada de adelanto. Alrededor del año 1920 se separó un grupo de la Comunidad para fundar un segundo Club, el Club Germania.
(Este nuevo Club, fue fundado en el año 1915 siendo obra de los señores Eduardo Ricke, Clemente Klenner, Antonio Horn y Luis Boegeholz)
Esta nueva agrupación no pudo mantenerse y volvió a amalgamarse en su bloque primitivo. A pesar de todos estos inconvenientes y enemistades, siempre hubo personas que se integraron desinteresadamente a nuestro grupo. El Club -como ya se ha dicho- funcionó en el local del Hotel Chile-Argentina, que era entonces uno de los buenos establecimientos. El Directorio lo componía: Presidente don Enrique Fritsch; Vicepresidente, don Celestino Hofmann, cajero don Jorge Wilhelm secretario don Jorge Scheurer.
Los años de la segunda guerra mundial (1939- 45). con las consecuencias de la gran miseria para con la vieja patria, también nos trajo reveses. Bajo la presidencia del señor Robert Minte fue posible que el Club saliera del paso de todas las calamidades y enemistades. Debido a esta contingencia y, a que nuestro Gobierno mantuvo su neutralidad, fue posible mantener nuestras instituciones chileno-alemanas. Hubo casos en ciudades que los Clubes fueron clausurados, o cambiaban de nombre y Estatutos.
Transcurrieron muchos años, antes que pudiéramos desligarnos de los inconvenientes, como el de reunirnos en locales ajenos, de lo cual estábamos cansados. Ante el vehemente deseo de un local propio, aspiración que cada vez iba ganando más terreno y a pesar de todas las preocupaciones que se presentaron, el Club se proyectó a ambiciosas metas en el curso de la década, con miras a organizarse y madurar la idea del «techo propio» para sus mejores intereses. Durante los años 1950-51 se tomó la determinación de construir la Casa Alemana. Mediante la iniciativa del señor Berthold Meyer, quién fue elegido Presidente del Club en 1952, contra toda clase de contratiempos, se alcanzó a dar los primeros pasos para realizar un proyecto de construcción. Se contrataron las personas que auspiciaron la idea poniendo todo el esfuerzo de su parte. El señor Meyer dirigió con paciencia y mucha dedicación al Club, superando toda crisis ante las grandes responsabilidades.
El Directorio del año 1952 se componía de los siguientes señores: Presidente, Berthold Meyer; 1er Director, Felix Vyhmeister; 2do Director Hans Lahres; cajero, Hans Karl Perl; secretario:
Heinz Fritsch; Dr. Christel Frese, Kurt Reinke, concesionario.
El Club Alemán fue en el año citado de 1952 todavía el único en su modelo en nuestra hermosa ciudad. Contaba con 165 socios, los que, casi sin excepción cooperaban en una u otra forma en la obra, para que algún día se hiciera realidad la «Casa Alemana» en Puerto Varas.
Con gran visión, antes del fallecimiento de los Presidentes señores Heinrich Fritsch K. y Fernando Binder G., se adquirió por la vía de compra un sitio en calles San Francisco esquina de San José, el 1° de agosto de 1935. En noviembre de 1952 pudimos empezar con la colocación de la primera piedra, en cuyo acto estuvo presente el entonces Presidente de la República, General Excmo. Señor Carlos Ibañez del Campo y altos representantes de Alemania Federal.
Con el valor del predio como respaldo, y una suma de dinero de $ 70.000, se procedió a la construcción del edificio proyectado de tres pisos. Al arquitecto señor Alberto Oettinger se le encargó la confección de los planos correspondientes, quien también supervigiló la construcción de las obra.

Nuevamente transcurrieron años hasta que se pudo pensar en la terminación y alhajamiento del Club, pero también surgió un nuevo espíritu de colaboración; de esta manera la Comunidad dio término a la obra gruesa del edificio. Las donaciones voluntarias que llegaron de todos los círculos de la provincia fueron agradecidas sobremanera. Podemos sentirnos orgullosos de haber aunado esfuerzos con quienes vibramos en nuestra ascendencia, sin cuya ayuda la Comunidad no hubiera podido realizar esta gran obra.
Hoy en día en que poseemos nuestro propio Hogar, también disponemos de entradas con las que auspiciamos instituciones como la Liga Chileno-Alemana, Colegios, instituciones de caridad, otorgar becas a estudiantes de escasos medios y para una cuota mortuoria de los socios fallecidos (aprobado en Asamblea General en 1969). El Club dispone de espaciosas salas para actos culturales, de esparcimiento familiar y camaradería.
Historia de la Colonización Alemana del Lago Llanquihue
La zona del lago Llanquihue fue un territorio especialmente determinado para desarrollar la colonización. Así consta en la descripción que destacados autores señalan. Y porque, en Puerto Varas, pertenecemos a la cultura desarrollada junto al lago, consideramos en el siguiente texto, en forma especial, el surgimiento de la colonia en este escenario, aún cuando los inmigrantes se radicaron en distintos lugares, entre Valdivia
hasta Puerto Montt.
Es en torno al lago que surgen como efecto de la colonización los poblados de Frutillar, Llanquihue, Puerto Varas, Puerto Octay y lugares muy atractivos como Punta Larga, Centinela, Ensenada, La Poza, Cascadas, etc., y que hoy por sí mismos, y con el marco de una paisaje espectacular, ostentan un relevante desarrollo económico y cultural, y constituyen un extraordinario atractivo turístico.
Hay circunstancias y hechos, que en todo caso, corresponden a todo el proceso de la colonización.
Entre ellos están, primero, el ¿Porqué se pretende colonizar el sur de Chile?
El Chile de entonces
En primer lugar, Chile, después del año 1830, parecía una verdadera isla política en relación a los países vecinos.

Bajo el gobierno de Portales, Chile alcanzó una estabilidad envidiada por otras naciones que serviría como carta de presentación para las posteriores gestiones realizadas con el fin de colonizar el hostil paisaje del sur.
De hecho, las características territoriales no pueden ser des-consideradas. La tierra ubicada al sur del Bío Bío, había sido siempre una frontera entre un Chile que lentamente se afirmaba y otro que se presentaba indomable, ya sea por los indígenas que ahí habitaban o por la fiereza de una naturaleza que no se dejaba doblegar.
Entre el río Toltén y la región de los canales, Chile estaba dominado por una espesa vegetación selvática y habitado por huilliches. La relativa estabilidad del país, unido a lo inacabado del territorio –por lo tanto, propicio a colonizarse-, favorecieron una eventual inmigración europea.
Sin embargo, Chile, tal como su territorio inconcluso, era también una sociedad en formación, que presentaba radicales diferencias en su población. Por una parte, una aristocracia gobernante y un sistema de inquilinaje que lentamente menguaba su producción.
Por otra, un peonaje que sufría con la falta de preocupación social existente a esta época. Este es otro factor importante en el constante deseo de grandes personalidades del Chile de mediados de siglo XIX, por colonizar el país con inmigrantes europeos. Así, decían ellos, se incorporarían elementos expertos y de espíritu renovador, que permitirían a Chile desa-rollarse en un país anhelante de desarrollo. Todo esto, unido a la fragilidad de la política europea, y por supuesto, también la de Prusia, provocaron una concatenación de hechos que permitieron, gracias a emprendedores personajes tales como Vicente Pérez Rosales y Bernhard Eunom Philippi, la llegada de los inmigrantes alemanes que, con la ayuda del gobierno chileno y de algunos habitantes del lugar, comenzaron a poblar lentamente la región del sur de Chile, antes tan temida e im-penetrable.
La Alemania de Entonces
Por otra parte, en la Alemania de esos tiempos, había una serie de circunstancias que en gran medida influyeron para que familias enteras determinaran vivir una inmedible aventura de viajar hasta el otro lado del planeta, en los medios que entonces existían, cuando una viaje de Europa a América
demoraba entre tres y cuatro meses.
Muchas de esas circunstancias
quedan de manifiesto en el párrafo siguiente:
En general, hay tres razones por la emigración.
La primera es la opresión política a causa de la revolución en el año 1848.
La segunda son las injusticias sociales. Esta se refería a los hombres que eran empobrecidos por las condiciones imperantes. En cambio, los países en el sur de Latinoamérica, daban oportunidades nuevas.
La última causa para una emigración son motivos económicos. Los alemanes tenían la esperanza de un gran beneficio, sin vivir en constantes sobresaltos, en su patria.
se podría explicar esta situación y los sentimientos que despertaban en la población alemana estas circunstancias, desde los puntos de vista económicos, políticos, de paz social, estabilidad económica, posibilidades de progreso y bienestar, etc.,
Tal vez en el trozo de una carta escrita por un colono alemán a uno de sus familiares en Alemania, queda de manifiesto con toda claridad el espíritu que anidaba en el corazón de los in-migrantes.
Más valor todavía cuando es una cita textual de una carta escrita a solo tres años de haber arribado al entonces inhóspito sur de Chile, pero que sin embargo prometía inmensos valores muy importantes para los inmigrantes… el texto de dicha carta dice…
«Hoy quiero contestar tu carta. Tal como escribes, también tú quisieras venir a Chile y quisieras que te dé mi consejo. Lo único que puedo comentar es que «aquí hay suficiente campo para mucha gente!». Los primeros años son muy difíciles. Pero después, la recompensa vale la pena. Aquí eres hombre libre y tu familia puede vivir sin preocupaciones. Nosotros estamos por cumplir nuestro tercer año en Chile.»
«Ya no deseamos volver a nuestra antigua y estrecha patria.»
«Mucho recordamos a nuestros queridos amigos que tuvimos que dejar en nuestras antigua patria. Diles a todos, querido Ricardo, que los echamos mucho de menos. Si tienen ganas de venir y están dispuestos a no rehuir ningún esfuerzo durante los primeros años, aquí pueden encontrar su nuevo hogar y el pan de cada día»
La Colonización Alemana del Sur de Chile
Gracias a la «Ley de inmigración selectiva promulgada en 1845 numerosas familias provenientes de Alemania se instalaron en las zonas de Valdivia, Osorno y Llanquihue, en el sur de país. El objetivo era, entre otros, atraer a profesionales y artesanos a colonizar estas tierras. La labor fue encargada a Vicente Pérez Rosales por mandato de, en aquel entonces Presidente, Manuel Bulnes.
A principios de siglo la población chilena se ubicaba a unos cuantos kilómetros a la redonda de la «plaza-fuerte» de Valdivia y los pequeños poblados de La Unión y Osorno. El resto eran selvas y tierras poco adecuadas para la sobrevivencia de las personas. Uno de los principales motivos de la inmigración extranjera al Sur de Chile fue la necesidad de expandir el territorio habitado a fin de protegerlo ante cualquier intento de ocupación.
Los potenciales emigrantes padecían en su país, como se ha señalado, las consecuencias de la Revolución alemana de 1848-1849, la cual no produjo la tan anhelada república, sino guió a la nación alemana bajo el dominio prusiano, y esto decantó en una gran desilusión de mucha de la población educada, de tales estados alemanes, quienes no eran aún un país unificado sino un multiplicidad de pequeños principados y repúblicas. Se gestó así la atmósfera propicia para que muchos sajones, bávaros, alsacianos, silésios y otros alemanes con educación universitaria o hábiles artesanos consideraran seriamente la posibilidad de emigrar al Nuevo Mundo.
Entre 1846 y 1875 cerca de 6.000 a 7.000 alemanes emigraron al sur de Chile. Personas de diferentes edades, procedencia, condición social, educación e intereses, desde niños, recién nacidos, hasta personas de avanzada edad se arriesgaron a emprender un viaje por el Atlántico en medio de la incertidumbre en espera de mejores condiciones de vida.
Llegaron burgueses, comerciantes y artesanos entre los que se encontraban carpinteros, zapateros y panaderos, además de campesinos que se establecieron a orillas del Lago Llanquihue. Estos emigrantes eran reclutados de todas las regiones de Alemania, sobre todo de Hessen, Silesia, Würtenberg, Bohemia, así como de Westfalia, Brandeburgo y Sajonia.
Club Alemán de Puerto Varas
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Club Alemán Puerto Varas, San Jose 415, Puerto Varas, Chile
Club Alemán Wassermuhler (molino de agua), Ruta 225 Km. 21, Puerto Varas, Chile